/ Fashion Law en América Latina: Entre la consolidación y la necesidad de una agenda regulatoria propia
23 de Septiembre, 2026Laura Hernández Bethermyt.
Asociada senior
Alessandri Abogados
¿Está el Fashion Law avanzando hacia una verdadera consolidación en América Latina o su desarrollo aún requiere mayor articulación institucional, políticas públicas y marcos regulatorios consistentes?
Mi impresión es que ambas afirmaciones son verdaderas. Con motivo del III Congreso Latinoamericano de Derecho de la Moda, realizado en Buenos Aires recientemente, reflexionamos ampliamente sobre los desafíos actuales y futuros del sector, desde la sostenibilidad y la innovación textil hasta la propiedad intelectual, el compliance, la regulación pública, el comercio internacional y el impacto de la inteligencia artificial.
El Fashion Law ya no necesita justificar su existencia. La especialidad ha alcanzado un grado de madurez que resulta difícil de desconocer. La moda dejó de ser percibida exclusivamente como una expresión creativa o comercial y comenzó a ser entendida como una industria compleja en la que convergen múltiples disciplinas jurídicas. Hoy hablar de moda implica hablar de propiedad intelectual, sostenibilidad, cumplimiento regulatorio, comercio electrónico, protección al consumidor, regulación aduanera, derecho penal económico, innovación tecnológica, protección de datos y, cada vez con más fuerza, inteligencia artificial.
Lo interesante es que esta evolución quedó reflejada precisamente en los debates del Congreso. Uno de los mensajes más recurrentes fue que la moda ya no puede analizarse desde una única perspectiva. La discusión sobre el greenwashing frente a la verdadera moda sostenible, los desafíos que plantea el upcycling respecto de la protección de los derechos de propiedad intelectual, las nuevas tecnologías aplicadas al desarrollo textil y los modelos regenerativos de producción revelan que la industria se encuentra inmersa en una profunda transformación.
Sin embargo, la consolidación de la disciplina no necesariamente significa que exista una agenda regional igualmente consolidada. De hecho, si algo quedó en evidencia durante las jornadas fue la enorme diversidad de realidades que conviven en América Latina. Mientras algunos mercados discuten sofisticados mecanismos de trazabilidad, sostenibilidad y compliance, otros continúan enfrentando desafíos mucho más básicos, como la formalización del sector o la protección efectiva de los activos intangibles. Resultó particularmente ilustrativa la reflexión proveniente de Uruguay, la que señaló que uno de los principales desafíos sigue siendo algo tan elemental como registrar correctamente una marca. La observación puede parecer simple, pero refleja una realidad regional que no debe perderse de vista: los niveles de desarrollo son profundamente heterogéneos.
Quizás por ello una de las ideas que más resonó durante el Congreso fue la necesidad de construir estructuras. Porque las ideas existen, existen académicos que investigan la disciplina, asociaciones que promueven su desarrollo, universidades que incorporan estos contenidos en sus programas, especialistas que asesoran a la industria y empresas que buscan implementar modelos más sostenibles y responsables. Lo que aún aparece de manera insuficiente es una institucionalidad capaz de acompañar estos esfuerzos de forma coordinada.
Esta realidad se vuelve particularmente evidente cuando observamos las discusiones sobre sostenibilidad. Durante años, la conversación estuvo dominada por conceptos aspiracionales y compromisos voluntarios. Hoy, en cambio, comienza a desplazarse hacia cuestiones más concretas: trazabilidad, transparencia, responsabilidad empresarial y modelos regenerativos de producción, tal cual demuestra Chile. Ya no basta con comunicar valores; las organizaciones deberán demostrar que sus prácticas son coherentes con ellos.
En este contexto, resulta difícil no advertir que América Latina enfrenta una doble responsabilidad. Por una parte, debe responder a las crecientes exigencias regulatorias provenientes de otros mercados. Por otra, necesita desarrollar una mirada propia sobre estas materias, considerando sus realidades sociales, económicas y productivas.
Buena parte de los desafíos que enfrenta actualmente la industria ya no giran únicamente en torno a qué puede protegerse o qué puede registrarse. Cada vez más, las preguntas apuntan a cómo queremos producir, consumir, innovar y crear valor. También obligan a reflexionar sobre identidad, patrimonio cultural, sostenibilidad y propósito.
No fue casualidad que varias de las intervenciones hicieran referencia precisamente a estos conceptos. Dar valor a la identidad. Recuperar lo propio. Creer en los proyectos. Entender que la educación es condición para la innovación. Asumir que el Estado también debe dar el ejemplo. Son reflexiones que parecen provenir de ámbitos distintos, pero que terminan convergiendo en una misma idea: la transformación de la industria no dependerá exclusivamente de la tecnología ni de las normas, sino también de las decisiones que adoptemos como sociedad.
Quedó en evidencia que existe una comunidad regional activa, interdisciplinaria y comprometida con el desarrollo de la disciplina. El verdadero desafío ya no consiste en explicar por qué el Fashion Law es relevante, el desafío consiste en conseguir que esa evolución profesional encuentre su correlato en políticas públicas, instituciones y marcos regulatorios capaces de acompañar la transformación que vive la industria.
Porque la moda ya no es solamente diseño, es innovación, sostenibilidad, tecnología e identidad. Y, cada vez más, también es política pública.
Esta columna fue publicada originalmente en LWYR.



